domingo, 12 de julio de 2026

El oficio invisible


EL OFICIO INVISIBLE

¿Qué sostiene a un maestro después de cuarenta años en el aula? No los métodos, ni las leyes educativas, ni las plataformas digitales. Lo que me ha sostenido durante todo este tiempo es algo mucho más difícil de medir: la manera de mirar a cada alumno, la paciencia para esperar su momento, la memoria que guarda su historia, la esperanza que sigue creyendo cuando los resultados no llegan.

El oficio invisible es el librillo (35 páginas) que he escrito al término de cuarenta y siete años de magisterio en los Escolapios. No es un manual de pedagogía ni un libro de recetas educativas. Es una reflexión honesta y cercana sobre las realidades que nadie ve pero que lo sostienen todo: la mirada que reconoce a cada persona, el juicio que intenta ser justo, la memoria que resiste el olvido, el tiempo que no se puede apresurar, la espera que también educa y la esperanza que no abandona.

Lo he escrito para quien empieza a enseñar y quiere saber en qué se está embarcando. Para quien lleva años en el aula y necesita reencontrar el sentido de lo que hace. Y para cualquier persona que haya tenido un maestro que dejó huella y quiera entender por qué.

Porque el oficio de maestro nunca consistió únicamente en enseñar. Consistió, sobre todo, en acompañar.

No voy a escribirlo aquí porque es un texto muy largo, así que comparto el documento que he preparado en los enlaces que hay a continuación.

Espero que os guste leerlo y podáis compartir en los comentarios vuestras impresiones.

Gracias por adelantado.

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 (para libro electrónico)

domingo, 20 de septiembre de 2020

Hace 10 años ya.

Ya han pasado 10 años desde que la parca te arrancó de este mundo de la manera más cruel e inesperada. Dicen que el tiempo sana las heridas y es verdad. La ausencia física de las personas que amamos deviene en presencia resucitada cuando en el recuerdo -que es volver a pasar por el corazón- prevalecen los momentos más gloriosos de la persona amada, aquellos que nos arrancan una sonrisa o una lágrima de emoción.
Por eso hoy es un buen día para recordarte y sentir que sigues entre nosotros, en la herencia más pura que nos dejaste a lo largo de tu vida: tu alegría, tu generosidad, tu camaradería... y, sobre todo, tu hijo.

martes, 5 de julio de 2016

Granada: encuentros y reencuentros.

Acaba de finalizar un nuevo curso escolar, el trigésimo séptimo desde que comencé a bregar por las aulas del colegio de Escolapios de Granada allá por el año 1979, al que he regresado después de trabajar los últimos dieciséis años en el colegio escolapio de Montequinto (Sevilla).

Ha sido un curso cargado de muchos sentimientos y recuerdos. No ha sido fácil dejar Montequinto, sobre todo, por la cantidad de gente buena que me ha acompañado durante todos estos años atrás: compañeros de trabajo, amigos, vecinos, alumnos, familias... Todos ellos ocupan un lugar especial en mi corazón y en mi recuerdo.

Pero hay que mirar hacia adelante y la llegada a Granada ha sido un reto que hemos afrontado juntos mi familia y yo. Desde el primer momento nos hemos sentido acompañados, protegidos y atendidos hasta el más mínimo detalle. Muchas gracias a todos.

El lema de este año en el colegio ha sido "Al encuentro" y en eso puedo resumir lo ocurrido durante estos meses de curso escolar: encuentros y reencuentros. Ha sido muy grato redescubrir un colegio totalmente renovado, el colegio donde estudié, donde comencé a ser educador y maestro, el colegio donde viví y donde nació y se desarrolló mi vocación. Aunque no he dejado de sentirme extraño pues han cambiado mucho las circunstancias desde que estuve aquí en anteriores etapas: ahora soy maestro de los hijos de "los chavales" que tuve en mis clases y en los grupos de pastoral. Algunos de ellos son ahora "mis jefes"; donde ejercí responsabilidades ahora soy "uno más"; la que fue mi casa ahora es solo mi lugar de trabajo. En fin, muchos cambios para asumir.

Cada día, al pasear por los pasillos y entrar en las aulas, me han inundado los recuerdos, me ha invadido la nostalgia como si de un intento de unir pasado y presente se tratara. Pero cuando tomo distancia para racionalizar un poco esos sentimientos me doy cuenta de que lo que soy ahora es fruto de todos esos años pasados, de todas esas personas que pasaron por mi vida, cada día, cada curso escolar, en cada destino y ciudad. Y me siento muy afortunado por haber vivido tanto y con tantos. La vida me ha forzado a cambiar de rumbo muchas veces, a empezar de nuevo, a confrontarme con nuevas situaciones y a encontrarme con gente nueva. Esto me ha hecho fuerte, me ha dado perspectiva, me ha ayudado a saber mirar hacia adelante, a no refugiarme en el pasado; pero también me ha enseñado que del pasado no hay que renegar, que solo asumiendo el pasado como parte de tu ser y no como una quimera se puede crecer y madurar, sin traicionar tu historia porque esa historia soy yo.

Y todavía me quedan muchos reencuentros. Hay tanta gente a la que quiero saludar, abrazar, sentarme con ellos para recordar, para saber cómo los ha tratado la vida, si son felices... Pero, si Dios quiere, todo irá llegando.

Ahora, cuando disfruto de las vacaciones recién estrenadas, solo me sale del corazón dar gracias a Dios porque me sigue llevando en brazos, con un cariño incondicional, que no sabe de historias pasadas ni presentes, que es todo gratuidad. Y rezo para contagiarme de ese amor desde el que he intentado y sigo torpemente vivir y darme.

¡Gracias!



domingo, 15 de junio de 2014

Con la ley también llevamos razón: Canon 1.335

La imposición del celibato obligatorio como condición para acceder al ministerio sacerdotal está dejando de ser tabú entre los cristianos, sobre todo después de que el papa Francisco dijera hace poco que es un tema sobre el que se puede hablar y discutir. Es enorme la desinformación que los cristianos tenemos sobre este tema (y sobre otros muchos) y el interés de las autoridades eclesiales para que sigamos desinformados; de mantenernos en el convencimiento de que el presbítero que se casa deja de ser cura, se le prohíbe ejercer el ministerio, etc.

Por eso, desde esta humilde tribuna intento, de vez en cuando, aportar mi granito de arena para paliar esa desinformación y contribuir a que los cristianos de a pie tengamos nuestros propios criterios en base a una información auténtica y no manipulada de nuestras propias leyes, en concreto el Derecho Canónico.

En esta línea, he encontrado un interesante artículo en la revista del movimiento Tiempo de Hablar, Tiempo de Actuar  (del movimiento MOCEOP (Movimiento pro celibato opcional) que aporta luz sobre la interpretación del artículo 1.335, que es el que habla del tema que nos ocupa. Os invito a leerlo, no es difícil y despeja muchos mitos sobre el tema de los curas casados. Después... podrás opinar libremente pero con conocimiento de causa.

Aquí os dejo con la transcripción del artículo completo.

CON LA LEY TAMBIÉN LLEVAMOS RAZÓN: CANON 1.335


Hablar de cánones en nuestro medio parece algo peregrino y fuera de lugar. Quien más quien menos se sonroja de recurrir al Código para apoyar unos derechos, pero... ¿no son los cánones quienes -en definitiva- están conservando una legislación?
Y para colmo, resulta que esa legislación está diciendo otra cosa. Hablemos, pues, sin pudor y exijamos -DIFUNDIENDO- lo que dice la propia Ley eclesiástica en vigor.

En Alemania, los diálogos con la Jerarquía se han centrado últimamente en la aplicación del canon 1.335 del C.I.C. (1.983), que abre las puertas para que los files soliciten el apoyo de los sacerdotes casados en los ministerios.
Literalmente el c.1335 dice:

"Si censura vetet celebrare sacramenta vel sacramentalia vel ponere actum regiminis, vetitum suspenditur, quoties id necesarium sit ad consulendum fidelibus, in mortis periculo constitutis; quod si censura latae sententiae non sit declarata, vetitum praeterea suspenditur, quoties fidelis petit sacramentum vel sacramentale vel actum regiminis; id autem petere ex qualibet iusta cusa licet."

La traducción que del citado canon hacen los profesores de la Facultad de Derecho de la Universidad Pontificia de Salamanca y de la Universidad de Navarra, revisada por la Junta de Asuntos Jurídicos de la Conferencia Episcopal Española, dice así:

Si la censura prohíbe celebrar los sacramentos o sacramentales, o realizar actos de régimen, la prohibición queda suspendida cuantas veces sea necesario para atender a los fieles en peligro de muerte; y si la censura latae sententiae no ha sido declarada, se suspende también la prohibición cuantas veces un fiel pide un sacramento o sacramental o un acto de régimen; y es lícito pedirlos por cualquier causa justa".

En las peticiones a la plenaria 81 se pidió que las frases 2 y 3 del citado canon se tachasen porque daban pie a que un sacerdote casado civilmente, en caso de pedírselo los fieles, podría ejercer funciones sacerdotales. El secretario contestó que ese problema hubiera tenido que surgir ya bajo el derecho válido y que tenía la misma normativa (véase Comm. XVI (1.994)).

El grupo alemán de sacerdotes casados, mientras elaboraba un cuestionario para un directorio, pidió al Cardenal Meisner, de Colonia, un dialogo sobre estos servicios a que hace referencia el citado c. 1.335.

Respondió por medio de su vicario general, Norbert Feldhoff, que: "El sacerdote suspendido puede prestar este servicio sacramental a petición de los fieles, pero no debe ofrecer el servicio por propia iniciativa" (Marzo, 1.996).

Este uso práctico del canon se viene usando en numerosos países. Así, el Corpus Service Directory de EE.UU. ha presentado una lista de 800 sacerdotes casados que están dispuestos para la pastoral sacramental.

El grupo austriaco comenzó la iniciativa llamada: "Sacerdotes sin comunidades para comunidades sin sacerdotes".

En Alemania, y varios otros países, sacerdotes casados prestan individualmente servicio a comunidades los domingos "a petición de los fieles". Los miembros más conservadores de la comunidad están contentos cuando saben que este servicio es legal de acuerdo al canon 1.335.

Los laicos parecen también volverse, en esta linea, más conscientes de sus derechos.

En Madrid también dos sacerdotes casados celebran la eucaristía dominical en parroquias en turno con otros sacerdotes de la parroquia.

Lo más interesante de esta revisión, o puesta en práctica del canon 1.335, es que es un canon desconocido por la inmensa mayoría de los curas célibes y de los fieles. Sería preciso iniciar una campaña de difusión del mismo y de evitar que la verdad sea secuestrada por la ignorancia.

Quizá los sacerdotes casados, hasta los más activos pastoralmente, desconozcan este canon o tengan cierto pudor de emplear argumentos canónicos para reivindicar sus derechos legítimos. Pero ¿no es una ley la que crea tanta discriminación e injusticia? ¿Por qué no emplear los propios argumentos jurídicos para contrarrestar los argumentos jurídicos?

Si es una puerta abierta, y legal, ¿por qué no entrar por ella y abrirla a quien quiera o tenga necesidad de usarla?

Habría, repito, que difundir este canon y exigir que sea explicado con toda limpieza y claridad. Muchos se sentirían liberados. ¿Saben nuestros obispos de la existencia de este canon en el vigente CIC o prefieren seguir en una ignorancia inquisidora, sintiéndose dueños y señores de lo que no es suyo?

Vamos a intentar situar este canon en el conjunto del CIC, en lo que se refiere a sacerdotes casados y a desbridar de adherencias pasadas lo que ya no existe actualmente (repito que ni a nivel de Código).

Algunos conceptos:

a) PERDIDA DEL OFICIO ECLESIÁSTICO (c. 184.1): "El oficio eclesiástico se pierde por trascurso del tiempo prefijado, por cumplimiento de la edad determinada en el derecho y por renuncia, traslado, remoción o privación".

b) REMOCIÓN (c. 194,1.3): "Queda de propio derecho removido del oficio eclesiástico: el clérigo que atente contraer matrimonio, aunque sea sólo civil"

c) PÉRDIDA DEL ESTADO ECLESIÁSTICO (c. 290-293). Estos cuatro cánones puntualizan los siguientes aspectos:

"Una vez recibida válidamente la ordenación sagrada, nunca se anula" (C. 290)

El Estrado clerical se puede perder, entre otras causas, por: "Rescripto de la Sede apostólica, que solamente se concede, por la Sede Apostólica, a los diáconos cuando existan causas graves; a los presbíteros, por causas gravísimas" C.190.3)

La dispensa del Celibato obligatorio "únicamente la concede el Romano Pontífice" (C. 291)

Se "prohíbe ejercer la potestad de orden, salvo lo establecido en el canon 976" (C.292). El canon 976 dice: "Todo sacerdotes, aún desprovisto de la facultad para confesar, absuelve válidamente a cualquier penitente que se encuentre en peligro de muerte; y absuelve lícitamente de toda censura y pecado, aunque se encuentre presente un sacerdote aprobado". 

"No puede ser adscrito de nuevo entre los clérigos, si no es por rescripto de la Sede apostólica" (C. 293). 

D) DE LAS SANCIONES EN LA IGLESIA (Libro VI del C.I.C., canon 1.311 y ss). Después de declarar el derecho de la Iglesia de establecer penas (c.1.311), se describen las características del derecho penal canónico y la finalidad de las sanciones (medicinales, expiatorias y remedios no propiamente penales. C. 1-312).

La clasificación de las penas las centra, pese a matizaciones posteriores (c. 1.315 - 1.330) en dos grandes grupos clásicos en derecho:(1.314)

FERENDAE SENTENTIAE: La impuesta por un procedimiento judicial o administrativo, que sólo obliga tras su pronunciamiento.
LATAE SENTENTIAE: la que tiene efecto ipso facto tras cometerse una acción expresamente señalada como tal por la ley o el precepto.

Esta distinción es importante, tanto en cuanto que el canon 1.335 -objeto de nuestro comentario- se considera una excepción a la norma general, pues "si la censura es Latae sententiae se suspende también la prohibición cuantas veces un fiel pide un sacramento o sacramental o un acto de régimen; y es licito pedirlos por cualquier causa justa" (C. 1.335)

e) LA PROHIBICIÓN NUNCA IMPLICA NULIDAD (C. 1.336,1.3)

f) NO PUEDE DARSE LA PRIVACIÓN DE LA POTESTAD DE ORDEN (C. 1.338,2) y en todo caso se sigue el criterio del c. 1.335 sobre censuras, según proclama el mismo Código (1.338.3) en razón del bien de los fieles.

g) Un caso concreto: EL QUE ATENTA CONTRAER MATRIMONIO, AUNQUE SOLO SEA CIVILMENTE (C. 1.394): "Incurre en suspensión latae sententiae... pudiendo llegar hasta "la expulsión del estado clerical". Y sólo ahí, como pena máxima imponible.

CONCLUSIÓN:

Dado que la salus animarum debe ser el principio de la ley canónica, es preciso apelar siempre -y difundir por todas partes- el canon 1.335.

Ya no se habla aquí sólo de actuar "in periculo mortis", sino que llega mucho más lejos en los casos de censura latae sententiae (vid. Más arriba) hasta suspender la prohibición cuantas veces un fiel lo pida. Y resaltamos el párrafo final: Y ES LICITO PEDIRLOS POR CUALQUIER CAUSA JUSTA"(C. 1.335).

¿Cuantos casos de "iusta causa" pueden presentarse? ¿Cuantas comunidades y personas están desatendidas por "causa non iusta" de la aplicación restrictiva y despótica de un código que no dice lo que dicen que dice?

¿Qué derecho debe ser el prevalente: el de las interpretaciones restrictivas de la Ley o el de los fieles a ser atendidos?

El derecho de las comunidades a celebrar la Eucaristía está recogido en el NT (Vid. Entre otros 1Tim. 3, 1-13). Al respecto dice E. Shchillebeeckx ("El ministerio eclesial" Ed. Cristiandad. Madrid. 1.983, pag. 75) que: "la iglesia oficial no puede derogar el derecho apostólico de las comunidades cristianas; ella misma está ligada a ese derecho Apostólico. Por eso, si en unas circunstancias históricas concretas existe el peligro de que una comunidad se quede sin ministros (sin sacerdotes), cosa que está ocurriendo actualmente de forma progresiva, aquellas exigencias de admisión al ministerio que no nazcan de su propia esencia y que sean en realidad una de las causas de esa escasez de sacerdotes deben ceder frente al derecho de las comunidades a tener dirigentes, un derecho que es primario y se funda en el Nuevo Testamento. Este derecho apostólico tiene la preferencia frente a un ordenamiento eclesial fáctico que pudo haber sido necesario en otras circunstancias".

Andrés García, Tiempo de hablar, tiempo de actuar, nº 68, 1997


domingo, 19 de mayo de 2013

Bienaventuranzas y lamentos para tiempos difíciles

Hoy acudo a un libro que me regaló un amigo para buscar en él un poco de iluminación y también de consuelo. Me detengo en unas páginas que me cuestionan especialmente y que elijo para rezarlas en presencia del Dios Padre del Amor y de la Misericordia.
Es Pentecostés y pido al Espíritu Santo que a mí y a mis cercanos nos inunde con los dones del amor y de la misericordia. Nos hace mucha falta. Sin estos dones es imposible que construyamos la Iglesia, la fraternidad de hermanos que da testimonio de Jesús resucitado, vencedor del pecado y de la muerte.


¡FELICES LOS QUE ESCUCHAN LA PALABRA
Y SE ESFUERZAN EN CUMPLIRLA,
PORQUE SU VIDA SERÁ COMO UN TRIGAL DORADO!

Escuchar.
Palabra hermosa. Decisión de respeto. Señal de presencia fra-
ternal. Hacer caso del tú y del vosotros y del ellos y él. Poner
atentos los oídos y en sintonía el corazón. Elevar antenas y abrir
canales.
Porque, entre todas las voces, acaso se esté oyendo la de él.
El, que es Palabra viva, eficaz y consolante.
¡Felices los que escuchan la Palabra!
Lo dijo Jesús en ocasión solemne. Y existe la palabra ade-
cuada para identificarlos. Es una palabra histórica y vieja de
otros tiempos, llena de evocaciones de justicia: «oidores». Oido-
res de los hombres; oídos y ojos abiertos a todo mensaje y a
todo grito. Escuchas vigilantes. Porque no es fácil oír, no...
Hemos cantado alguna vez que «su palabra es murmullo y no
oímos». No oímos tantas veces
porque hace falta paciencia, dejar que el ruido pase y
encerrarse en rincones de intimidad;
porque hay que imponer silencio dentro de uno mismo,
hacer callar los diarios instintos, encadenar el mal que
en uno nace;
porque hay que saber ponerse al lado, conectar, enchu-
far... dejar establecido el contacto con el mundo en
torno;
porque es aceptar, en principio; es hacer pacto de tole-
rancia y apertura
con ideas nuevas
con personas nuevas
con técnicas nuevas
con un mundo diverso.
Por eso, felices. Por desprendidos, por abiertos, por gente
con disponibilidad para escuchar la palabra que se lee como carta
de un amigo en la vieja biblia de cabecera; la que se repite en
el quehacer de cada jornada reflejando las señales de los tiempos
y las pistas por donde anda Dios y viene acercándose el futuro;
esa palabra que vive y se renueva vigorosamente en el encuentro
con el Señor Jesús.
¡Felices los que saben escuchar,
los que llegan a oír,
los que aguardan...!
Y felices especialmente si se ponen a cumplirla, en actitud
de eficacia y compromiso
aunque sea bajo el acoso de los diarios desfallecimientos;
aunque sea con la conciencia de infinitas limitaciones;
aunque su esfuerzo no sirva siempre de faro visto y en-
tendido;
aunque se pueda convertir en reproche permanente del
ideal no logrado.
A pesar de todo,
¡felices si lo intentan!
Felices todos los que no se cansan de empezar de nuevo;
los que eligen camino en cada amanecer; los que siembran la
palabra diariamente para que dé el ciento por uno.
Porque entonces su vida será como un trigal dorado, aunque
ellos no se enteren nunca. Y hasta las aves comerán en su cam-
po. Y su existencia habrá estado alimentando ideales y esperan-
zas. Y dará fruto abundante.
Pero hay que esforzarse:
prepararse en cada hora para escuchar también a los hom-
bres, incluso cuando su intemperancia duele y su albo-
roto en torno aturde a los oídos propios;
multiplicar los contactos, para no escuchar siempre en la
misma onda y el mismo canal, lo que estrecha la con-
ciencia y limita comprensiones;
estar dispuestos a servir de bálsamo, cuando debes con-
vertirte en lago remansado a donde acuden los veci-
nos no a pedir consejos, no a ayudarte. Simplemente
a que alguien les escuche.
Hay que esforzarse.
Buscar la verdad es tarea de mañana y noche, de atardecer
y mediodía. Y no sabemos en qué momento una partecita nos
llegará. Pero nunca de regalo, sino como resultado
de un esfuerzo,
de un largo silencio
de una espera reflexiva.

pero…
¡AY DE VOSOTROS, LOS QUE MANIPULÁIS
Y CONGELÁIS HASTA EL EVANGELIO,
PORQUE SE OS CONGELARÁ EL CORAZÓN
Y SERÁN VUESTRAS MANOS PARALÍTICAS!



¡Cuidado!
Hay que estar vigilantes. Que es más cómodo darse de una
vez por enterados. Creer que ya hemos llegado a «la» verdad
y contentarnos con la verdad «nuestra»; una especie de evan-
gelio para andar por casa cuyas certezas suenan bien a los pro-
pios instintos y a la pereza permanente.
¡Cuidado!
Es la hora de la manipulación y del engaño más o menos
encubiertos. La hora de las transacciones y compraventas inten-
tadas hasta en lo más sagrado. Con mayor o menor
consciencia.
Y, ¡ay de los que aceptan la situación conscientemente!
porque si congelan el evangelio se les congelará a ellos
el alma;
porque si lo manipulan queda embarrado en el propio
inevitable lodo;
porque la verdad se irá deformando en su interior; y la
deformación se trasluce y provoca el escándalo;
porque manipular es oficio diabólico: dar por verdad la
mentira y la mentira por verdad;
porque suele ser movida por el egoísmo;
porque se congela igualmente la búsqueda de la verdad.
No se la deja florecer. Y se va a más: se la enmudece,
se la mata, se la amordaza, se la sepulta;
porque es hacer inútil el evangelio; pretender dominarlo
y oprimirlo.
El resultado es triste.
Se les va a congelar el corazón tarde o temprano; y más tem-
prano que tarde. Viene a ser gente que de verdad no compadece,
incluso cuando llora; que no se conmueve ante la injusticia, aun-
que hace gestos y dice palabritas; que hace oídos sordos ante
la necesidad de cada día. Corazón congelado. Capaces de pagar
a sicarios disfrazados para que hagan en su nombre el mal que
por cobardía no se atreven a hacer directamente.
Corazón congelado.
Y manos paralíticas. Inertes para la acción que en teoría se
aceptaba. Manos
que convierten la palabra viva en voz muerta y sin sig-
nificado;
que vuelven ambigua la verdad clara porque sus acciones
también lo son;
que dicen «sí» y «ahora», pero ni van ni actúan;
que se vuelven incapaces para el saludo.
Y para la comunicación.
Incluso para pedir.
Y, sobre todo, para dar.
Y para darse.


Bienaventuranzas y lamentos para tiempos difíciles. Alonso Alonso, Antonio. Edics. Sígueme, Salamanca 1986, pp. 135-144

viernes, 29 de marzo de 2013

Pascua para cambiar, para ser mejores.

Desde ayer el Twitter está que arde, plagado de mensajes de alegría por la celebración de las muchas pascuas juveniles que tienen lugar en las diferentes partes del mundo. Son como eslóganes publicitarios que invitan a vivir estos días pascuales con especial intensidad y que actualizan el mensaje evangélico a categorías más actuales y personales: ¿Qué es para mí el Jueves Santo?, ¿Qué significa que Jesús murió por mis pecados? y cientos de pensamientos semejantes. Me encantaría que en todas las iglesias y comunidades cristianas se celebraran estos días con la misma intensidad, creatividad y actualidad con que se llevan a cabo en las pascuas juveniles.

Pero no sé, y esto lo refiero más al mundo adulto que al juvenil, si se nos escapa el mensaje nuclear de estos días que no es otro que el mensaje fundamental y principal del Evangelio de Jesús: el amor fraterno, vivido por el maestro y llevado a su máxima realización en el martirio de la cruz. Y digo esto porque cada año, al finalizar la Pascua, de regreso al trabajo cotidiano, las relaciones entre las personas que conforman nuestro entorno no cambian, no se han transformado ni siquiera mínimamente: seguimos siendo amigos de los de siempre, excluímos de nuestro entorno a los de siempre, mantenemos el rencor disfrazado de impotencia y siempre por culpa del otro. Seguimos siendo los mismos, con las mismas pobrezas, con los mismos pecados, con los mismos prejuicios, cerrados a cualquier novedad que pueda cambiar nuestro estatus, nuestro tranquilo modus vivendi, que con tanta dificultad hemos logrado. Si alguien tienen que cambiar, que sean los otros.

Qué lejos se queda el testimonio de Jesús. Qué poco o nada nos ha inflamado el corazón la celebración del Jueves Santo -día del amor fraterno-; que poco de nosotros mismos hemos dejado en la cruz de Jesús -la cruz que libera, que redime-. ¿Podremos decir en la Noche Santa que somos hombres y mujeres nuevos, que hemos resucitado con Jesús a una vida nueva? ¿Podríamos concretar esta "liberación" en algunas acciones o intenciones reales, que nos hablen a nosotros, y sobretodo a los demás, de cambio, de vida nueva, de perdón, de rectificación?

No quiero rendirme, no quiero ser pesimista, quiero seguir creyendo en la fuerza del amor de Dios que todo lo hace nuevo. Anhelo con toda mi alma que la cincuentena pascual esté repleta de encuentros gozosos, de abrazos de perdón, de gestos de complicidad con quienes compartes la fuerza de Cristo resucitado.

El papa Francisco, por si el ejemplo de Jesús nos viene grande, nos está regalando muchos gestos que hablan por sí mismos del Amor Fraterno, traducido en perdón, servicio, solidaridad, sencillez, humildad... Si él, siendo uno como nosotros, lo puede hacer, ¿por qué no lo podemos hacer nosotros?

Los mensajes publicitarios incitan a comprar, a renovar lo que ya tenemos. Su incidencia en nuestra vida es bastante notable. Nos creemos los que dicen y hacemos lo que nos piden. ¿Tan mala es la "publicidad" del evangelio, de los cristianos, que se queda en el mensaje y poco o nada produce?

Decía que no quería caer en el pesimismo y no dejo de hacerlo. Por eso termino esta reflexión deseando que el amor de Dios llene nuestros corazones y nos haga valientes para dar el primer paso, humildes para reconocer que algo tenemos que cambiar y sencillos para no anhelar nada más que la vida fraterna.

domingo, 17 de marzo de 2013

Francisco I, un viento fresco

Siempre ando a la gresca con la jerarquía eclesiástica, pero a la hora de la verdad no me he querido perder ni un detalle del cónclave. En esta ocasión lo he esperado sin mucha ilusión, prejuzgando que tendríamos más de lo mismo y, por lo tanto, sin esperar novedades o sorpresas.  Pero al ver aparecer a Bergoglio la cosa comenzó a cambiar, no sin algunas reticencias. De hecho, mi primer comentario en el FB después de la elección fue "no es oro todo lo que reluce", pues cuando busqué referencias de este cardenal, lo primero que leí fue que era considerado un conservador.

Pero cada uno de los signos que nos ha regalado Francisco me han suavizado por dentro y ahora comienzo a creer que el rumbo de la Iglesia puede cambiar, aunque sea poco.

Me impresionó la ausencia de vestiduras litúrgicas y el pectoral sencillo y desgastado. Me llamó la atención que usó la estola de la bendición sólo para bendecir y no para adornar su figura, pues se la quitó enseguida.
Las palabras sencillas y nada rimbombantes, el gesto de pedir la bendición del pueblo, de presentarse como el obispo de Roma, no querer utilizar la limusina y marchar con el resto de cardenales a Santa Marta ("con los muchachos,como dijo), presentarse en el hotel donde se hospedó antes del cónclave para pagar la cuenta, el respeto con el que trató a los más de cinco mil periodistas congregados en la audiencia, sin prepotencia y atendiendo a la pluralidad de credos allí reunida.

Y, sobretodo, el mensaje que deja en cada discurso: que su gran deseo es que la Iglesia sea la iglesia de los pobres.

Deseo vivamente que los gestos se traduzcan en acciones concretas que pongan en marcha, o mejor dicho, que retomen la reforma iniciada en el Concilio Vaticano II y que la Iglesia comience a ser creíble para los cristianos, que acoja y perdone en vez de condenar, que no tenga miedo al mundo, al progreso, que no tenga miedo a cambiar (que resuenen en Francisco y su Curia las palabras de Jesús Resucitado cuando se aparece a los discípulos "no tengáis miedo").

Ahora, Francisco, rezaré por ti con la boca grande y con el corazón agradecido. Sé que te espera un calvario pero el Señor, que te ha llamado, cuidará de ti.


jueves, 1 de noviembre de 2012

Hace 25 años

Hoy, en otras circunstancias, hubiera sido un bonito día de fiesta y celebración: felicitaciones, recuerdos compartidos...
Hace veinticinco años que recibí la ordenación sacerdotal de manos de D.José Méndez Asensio. Fue una preciosa celebración, sencilla, participada. A veces recordamos los crisantemos con que se adornó la iglesia y nos reímos, pues son flores asociadas al día de los difuntos (se ve que no había otra cosa debido a las fechas).
Después de trece años de ministerio público, vivido con un gozo indescriptible, di un golpe de timón a mi vida y pasé a ser un cura casado, y por lo tanto, un cura clandestino, obligado a ocultar su condición de sacerdote y privado de presidir públicamente los sacramentos, especialmente la Eucaristía.
Desde ese momento, el día de Todos los Santos ha sido para mí una fiesta íntima, en la que he reafirmado mi condición de presbítero, aunque sin comunidad que acompañar.
Sigo alimentando el sueño de una Iglesia que no vincule el ministerio con el celibato; sigo luchando por ello, aunque sé que yo no viviré para verlo. Pero mi amor por la Iglesia me anima a esforzarme para darle un nuevo rostro, anhelado por muchos cristianos.
Te doy gracias, Padre, por haberme llamado al ministerio sacerdotal, gracias por tanta gente que le ha dado sentido durante tantos años y gracias por los que siguen soñando junto a mí.

martes, 16 de octubre de 2012

Amor a prueba de todo

Desde los 18 años he compartido mi vida con muchas personas, en casas distintas, en ciudades diferentes, en grupos heterogéneos en edad y mentalidad. He crecido con ellas y cada una de ellas ha dejado su impronta en mí. Puedo decir con orgullo que son piezas indispensables en mi historia personal.

Hemos trabajado juntos, hemos soñado y arañado utopías inalcanzables. Unos y otros nos hemos alegrado de los éxitos de los demás. Juntos hemos sufrido y llorado en los momentos de fracaso y limitación.

Hemos jugado y nos hemos divertido sin tener en cuenta las diferencias de edad. Los más jóvenes hemos aprendido lo de los mayores y viceversa. No nos ha distanciado lo antiguo de unos ni lo moderno de otros.

Hemos rezado juntos y nos hemos contado sin reparo alguno nuestra experiencia de fe, nuestras dudas y nuestras certezas. Y nos hemos perdonado siempre. Nos hemos perdonado todo y hemos sabido reencontrarnos  de nuevo con cariño y sin rencor.

Porque lo que nos ha mantenido unidos no ha sido la ideología, ni los intereses personales, ni las preferencias particulares. Ha sido el amor el protagonista de nuestra historia. Un amor a prueba de todo y de todos. Un amor que permanece en la distancia. Un amor parco en manifestaciones externas pero que se ha ido haciendo fuerte en nuestro corazón.

¡Cuánto echo de menos todo esto! Pero... ¡que me quiten lo bailao!

martes, 19 de junio de 2012

La tentación del poder omnímodo

Conforme pasa el tiempo compruebo que invade nuestros espacios una especie de atracción irrefrenable hacia el poder omnímodo. Desde el individualismo radical que no admite de los demás "ni un soplo en la oreja" hasta las cúpulas de las grandes organizaciones pasando por los pequeños equipos que hacen trabajos de coordinación o dirección.


Y, ¿dónde veo esto? Sobre todo en el ansia de controlar la información y dosificarla según criterios o intereses particulares. En un mundo de adultos no deberíamos tener miedo a que la información fluya de manera natural y que lo haga en los dos sentidos, porque no hay nada que corrompa más al que ejerce el poder o la autoridad que la negativa a escuchar a quienes coordina o gobierna. 


Es verdad que preocuparse de agilizar el flujo de información hace más complicado el ejercicio de la autoridad, pero no cabe duda de que lo hace más creíble y más eficaz.


Por eso estoy en contra de:


- la disciplina de partido.
- la comunión entendida como obediencia ciega y acrítica.
- el amiguismo, como grupo privilegiado a quien informo y a quien únicamente escucho.
- las dinámicas de los responsables que, en orden a la eficacia, niegan la participación de todos los implicados en las tareas y planifican, ordenan y mandan sin más contraste que el suyo propio.
- la acepción de personas que, por miedo a lo que puedan decir o "criticar" o por aversión personal (no soporto a fulano) provoca marginación o segregación en el grupo. Y esto está muy cerca del "poder dictatorial" que tantas veces criticamos en la política pero que no vemos de puertas para adentro.
- los prejuicios, que nos impiden acercarnos de manera objetiva a la realidad.


Nunca hemos tenido la cantidad de medios que tenemos hoy para que el ejercicio de la autoridad pueda contar con la participación activa de quienes gobierna o coordina. El problema lo tenemos, como siempre, en las actitudes personales de quienes no creen, no confían, tienen miedo a la palabra de los otros; de quienes tienen miedo a equivocarse y que los demás se lo digan; de quienes se suben al taburete y desde él controlan y gobiernan a quienes están por debajo; de quienes se han auto-elevado tanto que han perdido todo contacto con la realidad.



miércoles, 4 de abril de 2012

Ante la Pascua que viene

Mañana es Jueves Santo y comenzaremos la celebración de la Pascua en la Comunidad Cristiana Escolapia. Quiero que sean días de profunda renovación interior, movida por el intenso encuentro con Jesús que favorecen estas fiestas. 

El Jueves rezaré para que El Señor me ayude (y ayude a todos) a vivir más plenamente el amor fraterno que Él nos inspira con su vida: crecer en solidaridad con los más desfavorecidos, vivir con autenticidad y sincera apertura de corazón la convivencia comunitaria (especialmente con los hermanos que siento más alejados), abierto a perdonar y ser perdonado para eliminar la violencia contenida en las relaciones con mis hermanos más cercanos (expresada en silencios contenidos, un trato frío, distante y obligado).
También el Jueves pondré ante el Señor mis anhelos de renovación eclesial (a pequeña y a gran escala): por una Iglesia que funcione desde la comunión con el Jesús que se hace servidor de todos y que nos propone vivir de la misma manera. Por lo tanto, una Iglesia de iguales, que renuncie a clasificar a los creyentes entre clérigos y laicos y ponga en primer plano a la Comunidad; que, guiada por el Espíritu, permita que los creyentes descubran y vivan su vocación de servicio, sin limitaciones ni imposiciones. 

El Viernes, ante la cruz, rezaré para no permanecer lejos de los crucificados de este mundo. Para que la comodidad en la que vivo no me haga insensible a las pobrezas de los demás. Pero también pediré a Cristo crucificado que me ayude a vencer todo lo que, desde mi interior, me impide vivir con un amor más auténtico. Pediré para que no me dé miedo la cruz, para entender que las pequeñas muertes que ocurren en nuestra vida, si pasan con amor, no son estériles sino que fructifican.

Finalmente, en la Noche Santa, pediré para que la resurrección de Jesús se traduzca en mi vida, que no sea sólo un lema vivido con fervor en la Pascua y olvidado después. Me llega por correo electrónico un texto de Pagola y encuentro las siguientes frases que quiero hacer mías y que lo sean para todos los que vamos a celebrar juntos la Pascua:


Creer en el Resucitado es saber que todo lo que aquí ha quedado a medias, lo que no ha podido ser, lo que hemos estropeado con nuestra torpeza o nuestro pecado, todo alcanzará en Dios su plenitud. Nada se perderá de lo que hemos vivido con amor o a lo que hemos renunciado por amor.

Creer en el Resucitado es esperar que las horas alegres y las experiencias amargas, las “huellas” que hemos dejado en las personas y en las cosas, lo que hemos construido o hemos disfrutado generosamente, quedará transfigurado. Ya no conoceremos la amistad que termina, la fiesta que se acaba ni la despedida que entristece. Dios será todo en todos. 

¡FELIZ PASCUA!

domingo, 4 de diciembre de 2011

Días de búsqueda esperanzada

Me ha encantado el pliego de Vida Nueva dedicado al Adviento. Lo escribe José María Rodríguez Olaizola, SJ y lo titula con una frase muy sugerente, que he usado como título de esta entrada: Días de búsqueda esperanzada.  


Arranca con una reflexión sobre la espera, el esperar. Dice, con razón, que hablar de espera tiene un punto contracultural hoy en día. No estamos acostumbrados a esperar. Sin embargo, sigue diciendo el autor, querámoslo o no, la espera sigue siendo parte de la vida. Porque somos humanos, y por esto mismo capaces de desear y de imaginar. Y más adelante dice: Aunque nos vayamos desacostumbrando a esperar, por aquello de la inmediatez, la espera nunca desaparecerá de nuestras vidas (afortunadamente). Porque en nuestro horizonte está el futuro. Y el futuro es el tiempo de las promesas, de las posibilidades, de los deseos que aún no han tomado cuerpo.


Unos párrafos después se pregunta el autor ¿Quién espera a Dios? Así entra de lleno en el tema del Adviento, objeto del artículo. Sigo copiando frases que me han gustado y hecho reflexionar más. Esperar a Dios no es algo fácil... Esperar a Dios empieza por entender que Dios ... tiene algo que decirnos.No creo que haya nadie que lo tenga todo claro sobre Dios. Bueno, en realidad, no creo que nadie lo tenga todo claro en general: ni sobre Dios, ni sobre los otros, ni sobre uno mismo. Y respecto a la fe, nadie que haya integrado perfectamente su mensaje, su palabra, su proyecto, su lógica. Nadie que deba sentarse, ufano, pretendiendo que lo tiene todo claro. Es verdad que hay muchas personas que, de algún modo, terminan actuando así, por el lado de la fe (gente que hace años que dejó de percibir novedad en el Evangelio, instalados en unas creencias algo atrofiadas), y por el lado del ateísmo (instalados en una increencia práctica o teórica que no admite fisuras). Pero lo sorprendente de Dios y su Evangelio es que constantemente nos desinstala, nos pone ante encrucijadas nuevas, y hace que la propia vida se ilumine de forma distinta. En ocasiones esa novedad es exigencia, o reto, o un toque de atención sobre algo que necesita reforma en nuestra vida. En otras ocasiones, es una palabra de amor que necesitábamos escuchar, o luz sobre una manera de ver el mundo. Y en otras ocasiones tiene que ver con que descubrimos algo distinto en Dios. El que toda la vida cree en Dios como creía a los cinco años tiene un problema.

¿Qué es esperar a Dios? Esperar a Dios es reconocer que la propia vida aspira a una plenitud que no tenemos. Así que esperar a Dios es preguntarnos por eso que falta, y acaso buscar en el Evangelio alguna respuesta. Esperar a Dios es ser consciente de que el mundo necesita una Buena noticia auténtica, y tratar de descifrarla en Dios y su Evangelio. Esperar a Dios es creer que Dios no es un Dios distante, ajeno a la creación, desvinculado de nuestra historia. Antes bien, de algún modo, sigue presente en nuestro mundo, entre nosotros. 


Y para ahondar más en la esperanza, nos propone Olaizola seis imágenes de Adviento para una espera activa: la del enamorado, la del explorador o buscador, la del cocinero, la del corredor de fondo, la del aficionado y una última que llama "por contraste". 


Acaba la reflexión con un apartado que titula Una espera aterrizada. Propone un catálogo de sugerencias que nos harán posible una espera activa, encarnada en lo concreto de cada día, que nos ayudarán a preparar la propia vida para el encuentro con Dios, que, como dice Olaizola, se hace en historias cotidianas.


No dejéis de leer y contemplar el poema con el que termina el pliego.


Para quienes os animéis a leer el pliego y no tengáis la revista Vida Nueva, os lo podéis descargar en el siguiente enlace. También lo he preparado para quienes vais con el libro electrrónico debajo del brazo o en el bolso.


Pliego completo en PDF
Pliego en formato FB2 (para el Papyre) y EPUB (otros lectores)