Acaba de finalizar un nuevo curso escolar, el trigésimo séptimo desde que comencé a bregar por las aulas del colegio de Escolapios de Granada allá por el año 1979, al que he regresado después de trabajar los últimos dieciséis años en el colegio escolapio de Montequinto (Sevilla).
Ha sido un curso cargado de muchos sentimientos y recuerdos. No ha sido fácil dejar Montequinto, sobre todo, por la cantidad de gente buena que me ha acompañado durante todos estos años atrás: compañeros de trabajo, amigos, vecinos, alumnos, familias... Todos ellos ocupan un lugar especial en mi corazón y en mi recuerdo.
Pero hay que mirar hacia adelante y la llegada a Granada ha sido un reto que hemos afrontado juntos mi familia y yo. Desde el primer momento nos hemos sentido acompañados, protegidos y atendidos hasta el más mínimo detalle. Muchas gracias a todos.
El lema de este año en el colegio ha sido "Al encuentro" y en eso puedo resumir lo ocurrido durante estos meses de curso escolar: encuentros y reencuentros. Ha sido muy grato redescubrir un colegio totalmente renovado, el colegio donde estudié, donde comencé a ser educador y maestro, el colegio donde viví y donde nació y se desarrolló mi vocación. Aunque no he dejado de sentirme extraño pues han cambiado mucho las circunstancias desde que estuve aquí en anteriores etapas: ahora soy maestro de los hijos de "los chavales" que tuve en mis clases y en los grupos de pastoral. Algunos de ellos son ahora "mis jefes"; donde ejercí responsabilidades ahora soy "uno más"; la que fue mi casa ahora es solo mi lugar de trabajo. En fin, muchos cambios para asumir.
Cada día, al pasear por los pasillos y entrar en las aulas, me han inundado los recuerdos, me ha invadido la nostalgia como si de un intento de unir pasado y presente se tratara. Pero cuando tomo distancia para racionalizar un poco esos sentimientos me doy cuenta de que lo que soy ahora es fruto de todos esos años pasados, de todas esas personas que pasaron por mi vida, cada día, cada curso escolar, en cada destino y ciudad. Y me siento muy afortunado por haber vivido tanto y con tantos. La vida me ha forzado a cambiar de rumbo muchas veces, a empezar de nuevo, a confrontarme con nuevas situaciones y a encontrarme con gente nueva. Esto me ha hecho fuerte, me ha dado perspectiva, me ha ayudado a saber mirar hacia adelante, a no refugiarme en el pasado; pero también me ha enseñado que del pasado no hay que renegar, que solo asumiendo el pasado como parte de tu ser y no como una quimera se puede crecer y madurar, sin traicionar tu historia porque esa historia soy yo.
Y todavía me quedan muchos reencuentros. Hay tanta gente a la que quiero saludar, abrazar, sentarme con ellos para recordar, para saber cómo los ha tratado la vida, si son felices... Pero, si Dios quiere, todo irá llegando.
Ahora, cuando disfruto de las vacaciones recién estrenadas, solo me sale del corazón dar gracias a Dios porque me sigue llevando en brazos, con un cariño incondicional, que no sabe de historias pasadas ni presentes, que es todo gratuidad. Y rezo para contagiarme de ese amor desde el que he intentado y sigo torpemente vivir y darme.
¡Gracias!
Para compartir reflexiones, para desahogos varios, para no quedarme frío, para ser crítico, para servir. COMENTA LIBREMENTE MIS ENTRADAS. GRACIAS.
martes, 5 de julio de 2016
domingo, 15 de junio de 2014
Con la ley también llevamos razón: Canon 1.335
La imposición del celibato obligatorio como condición para acceder al ministerio sacerdotal está dejando de ser tabú entre los cristianos, sobre todo después de que el papa Francisco dijera hace poco que es un tema sobre el que se puede hablar y discutir. Es enorme la desinformación que los cristianos tenemos sobre este tema (y sobre otros muchos) y el interés de las autoridades eclesiales para que sigamos desinformados; de mantenernos en el convencimiento de que el presbítero que se casa deja de ser cura, se le prohíbe ejercer el ministerio, etc.
Por eso, desde esta humilde tribuna intento, de vez en cuando, aportar mi granito de arena para paliar esa desinformación y contribuir a que los cristianos de a pie tengamos nuestros propios criterios en base a una información auténtica y no manipulada de nuestras propias leyes, en concreto el Derecho Canónico.
En esta línea, he encontrado un interesante artículo en la revista del movimiento Tiempo de Hablar, Tiempo de Actuar (del movimiento MOCEOP (Movimiento pro celibato opcional) que aporta luz sobre la interpretación del artículo 1.335, que es el que habla del tema que nos ocupa. Os invito a leerlo, no es difícil y despeja muchos mitos sobre el tema de los curas casados. Después... podrás opinar libremente pero con conocimiento de causa.
Aquí os dejo con la transcripción del artículo completo.
Por eso, desde esta humilde tribuna intento, de vez en cuando, aportar mi granito de arena para paliar esa desinformación y contribuir a que los cristianos de a pie tengamos nuestros propios criterios en base a una información auténtica y no manipulada de nuestras propias leyes, en concreto el Derecho Canónico.
En esta línea, he encontrado un interesante artículo en la revista del movimiento Tiempo de Hablar, Tiempo de Actuar (del movimiento MOCEOP (Movimiento pro celibato opcional) que aporta luz sobre la interpretación del artículo 1.335, que es el que habla del tema que nos ocupa. Os invito a leerlo, no es difícil y despeja muchos mitos sobre el tema de los curas casados. Después... podrás opinar libremente pero con conocimiento de causa.
Aquí os dejo con la transcripción del artículo completo.
CON LA LEY TAMBIÉN LLEVAMOS RAZÓN: CANON 1.335
Hablar de cánones en nuestro medio parece algo
peregrino y fuera de lugar. Quien más quien menos se sonroja de recurrir al
Código para apoyar unos derechos, pero... ¿no son los cánones quienes -en definitiva-
están conservando una legislación?
Y para colmo, resulta que esa legislación está diciendo otra cosa.
Hablemos, pues, sin pudor y exijamos -DIFUNDIENDO- lo que dice la propia Ley
eclesiástica en vigor.
En Alemania, los diálogos con la Jerarquía se han centrado últimamente en
la aplicación del canon 1.335 del C.I.C. (1.983), que abre las puertas para que
los files soliciten el apoyo de los sacerdotes casados en los ministerios.
Literalmente el c.1335 dice:
"Si censura vetet celebrare sacramenta vel sacramentalia vel ponere
actum regiminis, vetitum suspenditur, quoties id necesarium sit ad consulendum
fidelibus, in mortis periculo constitutis; quod si censura latae sententiae non
sit declarata, vetitum praeterea suspenditur, quoties fidelis petit sacramentum
vel sacramentale vel actum regiminis; id autem petere ex qualibet iusta cusa
licet."
La traducción que del citado canon hacen los profesores de la Facultad de
Derecho de la Universidad Pontificia de Salamanca y de la Universidad de Navarra,
revisada por la Junta de Asuntos Jurídicos de la Conferencia Episcopal
Española, dice así:
Si la censura prohíbe celebrar los sacramentos o sacramentales, o realizar
actos de régimen, la prohibición queda suspendida cuantas veces sea necesario para
atender a los fieles en peligro de muerte; y si la censura latae sententiae no
ha sido declarada, se suspende también la prohibición cuantas veces un fiel
pide un sacramento o sacramental o un acto de régimen; y es lícito pedirlos por
cualquier causa justa".
En las peticiones a la plenaria 81 se pidió que las frases 2 y 3 del citado
canon se tachasen porque daban pie a que un sacerdote casado civilmente, en caso de
pedírselo los fieles, podría ejercer funciones sacerdotales. El secretario
contestó que ese problema hubiera tenido que surgir ya bajo el derecho válido y
que tenía la misma normativa (véase Comm. XVI (1.994)).
El grupo alemán de sacerdotes casados, mientras elaboraba un cuestionario
para un directorio, pidió al Cardenal Meisner, de Colonia, un dialogo sobre
estos servicios a que hace referencia el citado c. 1.335.
Respondió por medio de su vicario general, Norbert Feldhoff, que: "El
sacerdote suspendido puede prestar este servicio sacramental a petición de los
fieles, pero no debe ofrecer el servicio por propia iniciativa" (Marzo,
1.996).
Este uso práctico del canon se viene usando en numerosos países. Así, el
Corpus Service Directory de EE.UU. ha presentado una lista de 800
sacerdotes casados que están dispuestos para la pastoral sacramental.
El grupo austriaco comenzó la iniciativa llamada: "Sacerdotes sin
comunidades para comunidades sin sacerdotes".
En Alemania, y varios otros países, sacerdotes casados prestan
individualmente servicio a comunidades los domingos "a petición de los
fieles". Los miembros más conservadores de la comunidad están contentos
cuando saben que este servicio es legal de acuerdo al canon 1.335.
Los laicos parecen también volverse, en esta linea, más conscientes de sus
derechos.
En Madrid también dos sacerdotes casados celebran la eucaristía dominical
en parroquias en turno con otros sacerdotes de la parroquia.
Lo más interesante de esta revisión, o puesta en práctica del canon 1.335,
es que es un canon desconocido por la inmensa mayoría de los curas célibes y de
los fieles. Sería preciso iniciar una campaña de difusión del mismo y de evitar
que la verdad sea secuestrada por la ignorancia.
Quizá los sacerdotes casados, hasta los más activos pastoralmente,
desconozcan este canon o tengan cierto pudor de emplear argumentos canónicos
para reivindicar sus derechos legítimos. Pero ¿no es una ley la que crea tanta
discriminación e injusticia? ¿Por qué no emplear los propios argumentos
jurídicos para contrarrestar los argumentos jurídicos?
Si es una puerta abierta, y legal, ¿por qué no entrar por ella y abrirla a
quien quiera o tenga necesidad de usarla?
Habría, repito, que difundir este canon y exigir que sea explicado con toda
limpieza y claridad. Muchos se sentirían liberados. ¿Saben nuestros obispos de
la existencia de este canon en el vigente CIC o prefieren seguir en una
ignorancia inquisidora, sintiéndose dueños y señores de lo que no es suyo?
Vamos a intentar situar este canon en el conjunto del CIC, en lo que se
refiere a sacerdotes casados y a desbridar de adherencias pasadas lo que ya no
existe actualmente (repito que ni a nivel de Código).
Algunos conceptos:
a) PERDIDA DEL OFICIO ECLESIÁSTICO (c. 184.1): "El oficio
eclesiástico se pierde por trascurso del tiempo prefijado, por cumplimiento de
la edad determinada en el derecho y por renuncia, traslado, remoción o
privación".
b) REMOCIÓN (c. 194,1.3): "Queda de propio derecho removido del
oficio eclesiástico: el clérigo que atente contraer matrimonio, aunque sea sólo
civil"
c) PÉRDIDA DEL ESTADO ECLESIÁSTICO (c. 290-293). Estos cuatro cánones
puntualizan los siguientes aspectos:
"Una vez recibida válidamente la ordenación sagrada, nunca se
anula" (C. 290)
El Estrado clerical se puede perder, entre otras causas, por: "Rescripto
de la Sede apostólica, que solamente se concede, por la Sede Apostólica, a los
diáconos cuando existan causas graves; a los presbíteros, por causas
gravísimas" C.190.3)
La dispensa del Celibato obligatorio "únicamente la concede el
Romano Pontífice" (C. 291)
Se "prohíbe ejercer la potestad de orden, salvo lo establecido
en el canon 976" (C.292). El canon 976 dice: "Todo
sacerdotes, aún desprovisto de la facultad para confesar, absuelve válidamente a cualquier penitente que se encuentre en peligro de muerte; y absuelve
lícitamente de toda censura y pecado, aunque se encuentre presente un sacerdote
aprobado".
"No puede ser adscrito de nuevo entre los clérigos, si no es por
rescripto de la Sede apostólica" (C. 293).
D) DE LAS SANCIONES EN LA IGLESIA (Libro VI del C.I.C., canon 1.311 y ss).
Después de declarar el derecho de la Iglesia de establecer penas (c.1.311), se
describen las características del derecho penal canónico y la finalidad de las
sanciones (medicinales, expiatorias y remedios no propiamente penales. C.
1-312).
La clasificación de las penas las centra, pese a matizaciones posteriores
(c. 1.315 - 1.330) en dos grandes grupos clásicos en derecho:(1.314)
FERENDAE SENTENTIAE: La impuesta por un procedimiento judicial o
administrativo, que sólo obliga tras su pronunciamiento.
LATAE SENTENTIAE: la que tiene efecto ipso facto tras cometerse una
acción expresamente señalada como tal por la ley o el precepto.
Esta distinción es importante, tanto en cuanto que el canon 1.335 -objeto
de nuestro comentario- se considera una excepción a la norma general, pues
"si la censura es Latae sententiae se suspende también la prohibición
cuantas veces un fiel pide un sacramento o sacramental o un acto de régimen; y
es licito pedirlos por cualquier causa justa" (C. 1.335)
e) LA PROHIBICIÓN NUNCA IMPLICA NULIDAD (C. 1.336,1.3)
f) NO PUEDE DARSE LA PRIVACIÓN DE LA POTESTAD DE ORDEN (C. 1.338,2) y en
todo caso se sigue el criterio del c. 1.335 sobre censuras, según proclama el
mismo Código (1.338.3) en razón del bien de los fieles.
g) Un caso concreto: EL QUE ATENTA CONTRAER MATRIMONIO, AUNQUE SOLO SEA
CIVILMENTE (C. 1.394): "Incurre en suspensión latae sententiae... pudiendo
llegar hasta "la expulsión del estado clerical". Y sólo ahí,
como pena máxima imponible.
CONCLUSIÓN:
Dado que la salus animarum debe ser el principio de la ley canónica, es
preciso apelar siempre -y difundir por todas partes- el canon 1.335.
Ya no se habla aquí sólo de actuar "in periculo mortis", sino que
llega mucho más lejos en los casos de censura latae sententiae (vid. Más
arriba) hasta suspender la prohibición cuantas veces un fiel lo pida. Y resaltamos
el párrafo final: Y ES LICITO PEDIRLOS POR CUALQUIER CAUSA JUSTA"(C.
1.335).
¿Cuantos casos de "iusta causa" pueden presentarse? ¿Cuantas
comunidades y personas están desatendidas por "causa non iusta" de la
aplicación restrictiva y despótica de un código que no dice lo que dicen que
dice?
¿Qué derecho debe ser el prevalente: el de las interpretaciones
restrictivas de la Ley o el de los fieles a ser atendidos?
El derecho de las comunidades a celebrar la Eucaristía está recogido en el
NT (Vid. Entre otros 1Tim. 3, 1-13). Al respecto dice E. Shchillebeeckx ("El
ministerio eclesial" Ed. Cristiandad. Madrid. 1.983, pag. 75) que:
"la iglesia oficial no puede derogar el derecho apostólico de las
comunidades cristianas; ella misma está ligada a ese derecho
Apostólico. Por eso, si en unas circunstancias históricas concretas existe el
peligro de que una comunidad se quede sin ministros (sin sacerdotes), cosa que
está ocurriendo actualmente de forma progresiva, aquellas exigencias de admisión
al ministerio que no nazcan de su propia esencia y que sean en realidad una de
las causas de esa escasez de sacerdotes deben ceder frente al derecho de las
comunidades a tener dirigentes, un derecho que es primario y se funda en el
Nuevo Testamento. Este derecho apostólico tiene la preferencia frente a un
ordenamiento eclesial fáctico que pudo haber sido necesario en otras
circunstancias".
Andrés García, Tiempo de hablar,
tiempo de actuar, nº 68, 1997
domingo, 19 de mayo de 2013
Bienaventuranzas y lamentos para tiempos difíciles
Hoy acudo a un libro que me regaló un amigo para buscar en él un poco de iluminación y también de consuelo. Me detengo en unas páginas que me cuestionan especialmente y que elijo para rezarlas en presencia del Dios Padre del Amor y de la Misericordia.Es Pentecostés y pido al Espíritu Santo que a mí y a mis cercanos nos inunde con los dones del amor y de la misericordia. Nos hace mucha falta. Sin estos dones es imposible que construyamos la Iglesia, la fraternidad de hermanos que da testimonio de Jesús resucitado, vencedor del pecado y de la muerte.
¡FELICES LOS QUE ESCUCHAN LA
PALABRA
Y SE ESFUERZAN EN CUMPLIRLA,
PORQUE SU VIDA SERÁ COMO UN
TRIGAL DORADO!
Escuchar.
Palabra hermosa. Decisión de
respeto. Señal de presencia fra-
ternal. Hacer caso del tú y del vosotros y del ellos y él. Poner
atentos los oídos y en sintonía el corazón. Elevar antenas y abrir
canales.
ternal. Hacer caso del tú y del vosotros y del ellos y él. Poner
atentos los oídos y en sintonía el corazón. Elevar antenas y abrir
canales.
Porque, entre todas las voces,
acaso se esté oyendo la de él.
El, que es Palabra viva, eficaz y consolante.
El, que es Palabra viva, eficaz y consolante.
¡Felices los que escuchan la
Palabra!
Lo dijo Jesús en ocasión solemne.
Y existe la palabra ade-
cuada para identificarlos. Es una palabra histórica y vieja de
otros tiempos, llena de evocaciones de justicia: «oidores». Oido-
res de los hombres; oídos y ojos abiertos a todo mensaje y a
todo grito. Escuchas vigilantes. Porque no es fácil oír, no...
Hemos cantado alguna vez que «su palabra es murmullo y no
oímos». No oímos tantas veces
cuada para identificarlos. Es una palabra histórica y vieja de
otros tiempos, llena de evocaciones de justicia: «oidores». Oido-
res de los hombres; oídos y ojos abiertos a todo mensaje y a
todo grito. Escuchas vigilantes. Porque no es fácil oír, no...
Hemos cantado alguna vez que «su palabra es murmullo y no
oímos». No oímos tantas veces
porque hace
falta paciencia, dejar que el ruido pase y
encerrarse en rincones de
intimidad;
porque hay que imponer silencio dentro de uno mismo,
hacer callar los diarios instintos, encadenar el mal que
en uno nace;
porque hay que imponer silencio dentro de uno mismo,
hacer callar los diarios instintos, encadenar el mal que
en uno nace;
porque hay
que saber ponerse al lado, conectar, enchu-
far... dejar establecido el contacto con el mundo en
torno;
far... dejar establecido el contacto con el mundo en
torno;
porque es aceptar, en principio;
es hacer pacto de tole-
rancia y apertura
con ideas nuevas
con personas nuevas
con técnicas nuevas
con un mundo diverso.
rancia y apertura
con ideas nuevas
con personas nuevas
con técnicas nuevas
con un mundo diverso.
Por eso, felices. Por
desprendidos, por abiertos, por gente
con disponibilidad para escuchar la palabra que se lee como carta
de un amigo en la vieja biblia de cabecera; la que se repite en
el quehacer de cada jornada reflejando las señales de los tiempos
y las pistas por donde anda Dios y viene acercándose el futuro;
esa palabra que vive y se renueva vigorosamente en el encuentro
con el Señor Jesús.
con disponibilidad para escuchar la palabra que se lee como carta
de un amigo en la vieja biblia de cabecera; la que se repite en
el quehacer de cada jornada reflejando las señales de los tiempos
y las pistas por donde anda Dios y viene acercándose el futuro;
esa palabra que vive y se renueva vigorosamente en el encuentro
con el Señor Jesús.
¡Felices los
que saben escuchar,
los que llegan a oír,
los que aguardan...!
los que llegan a oír,
los que aguardan...!
Y felices
especialmente si se ponen a cumplirla, en actitud
de eficacia y compromiso
de eficacia y compromiso
aunque sea bajo el acoso de los
diarios desfallecimientos;
aunque sea con la conciencia de infinitas limitaciones;
aunque su esfuerzo no sirva siempre de faro visto y en-
tendido;
aunque sea con la conciencia de infinitas limitaciones;
aunque su esfuerzo no sirva siempre de faro visto y en-
tendido;
aunque se pueda convertir en
reproche permanente del
ideal no logrado.
ideal no logrado.
A pesar de todo,
¡felices si lo intentan!
Felices todos los que no se
cansan de empezar de nuevo;
los que eligen camino en cada amanecer; los que siembran la
palabra diariamente para que dé el ciento por uno.
los que eligen camino en cada amanecer; los que siembran la
palabra diariamente para que dé el ciento por uno.
Porque entonces su vida será como
un trigal dorado, aunque
ellos no se enteren nunca. Y hasta las aves comerán en su cam-
po. Y su existencia habrá estado alimentando ideales y esperan-
zas. Y dará fruto abundante.
ellos no se enteren nunca. Y hasta las aves comerán en su cam-
po. Y su existencia habrá estado alimentando ideales y esperan-
zas. Y dará fruto abundante.
Pero hay que esforzarse:
prepararse en cada hora para
escuchar también a los hom-
bres, incluso cuando su intemperancia duele y su albo-
roto en torno aturde a los oídos propios;
multiplicar los contactos, para no escuchar siempre en la
misma onda y el mismo canal, lo que estrecha la con-
ciencia y limita comprensiones;
estar dispuestos a servir de bálsamo, cuando debes con-
vertirte en lago remansado a donde acuden los veci-
nos no a pedir consejos, no a ayudarte. Simplemente
a que alguien les escuche.
bres, incluso cuando su intemperancia duele y su albo-
roto en torno aturde a los oídos propios;
multiplicar los contactos, para no escuchar siempre en la
misma onda y el mismo canal, lo que estrecha la con-
ciencia y limita comprensiones;
estar dispuestos a servir de bálsamo, cuando debes con-
vertirte en lago remansado a donde acuden los veci-
nos no a pedir consejos, no a ayudarte. Simplemente
a que alguien les escuche.
Hay que esforzarse.
Buscar la verdad es tarea de
mañana y noche, de atardecer
y mediodía. Y no sabemos en qué momento una partecita nos
llegará. Pero nunca de regalo, sino como resultado
de un esfuerzo,
de un largo silencio
de una espera reflexiva.
y mediodía. Y no sabemos en qué momento una partecita nos
llegará. Pero nunca de regalo, sino como resultado
de un esfuerzo,
de un largo silencio
de una espera reflexiva.
pero…
¡AY DE
VOSOTROS, LOS QUE MANIPULÁIS
Y CONGELÁIS
HASTA EL EVANGELIO,
PORQUE SE OS
CONGELARÁ EL CORAZÓN
Y SERÁN
VUESTRAS MANOS PARALÍTICAS!
¡Cuidado!
Hay que estar vigilantes. Que es
más cómodo darse de una
vez por enterados. Creer que ya hemos llegado a «la» verdad
y contentarnos con la verdad «nuestra»; una especie de evan-
gelio para andar por casa cuyas certezas suenan bien a los pro-
pios instintos y a la pereza permanente.
vez por enterados. Creer que ya hemos llegado a «la» verdad
y contentarnos con la verdad «nuestra»; una especie de evan-
gelio para andar por casa cuyas certezas suenan bien a los pro-
pios instintos y a la pereza permanente.
¡Cuidado!
Es la hora de la manipulación y
del engaño más o menos
encubiertos. La hora de las transacciones y compraventas inten-
tadas hasta en lo más sagrado. Con mayor o menor consciencia.
Y, ¡ay de los que aceptan la situación conscientemente!
encubiertos. La hora de las transacciones y compraventas inten-
tadas hasta en lo más sagrado. Con mayor o menor consciencia.
Y, ¡ay de los que aceptan la situación conscientemente!
porque si
congelan el evangelio se les congelará a ellos
el alma;
el alma;
porque si lo
manipulan queda embarrado en el propio
inevitable lodo;
porque la verdad se irá deformando en su interior; y la
porque la verdad se irá deformando en su interior; y la
deformación se trasluce y provoca
el escándalo;
porque manipular es oficio diabólico: dar por verdad la
porque manipular es oficio diabólico: dar por verdad la
mentira y la mentira por verdad;
porque suele ser movida por el egoísmo;
porque se congela igualmente la búsqueda de la verdad.
No se la deja florecer. Y se va a más: se la enmudece,
se la mata, se la amordaza, se la sepulta;
porque es hacer inútil el evangelio; pretender dominarlo
y oprimirlo.
porque suele ser movida por el egoísmo;
porque se congela igualmente la búsqueda de la verdad.
No se la deja florecer. Y se va a más: se la enmudece,
se la mata, se la amordaza, se la sepulta;
porque es hacer inútil el evangelio; pretender dominarlo
y oprimirlo.
El resultado es triste.
Se les va a congelar el corazón
tarde o temprano; y más tem-
prano que tarde. Viene a ser gente que de verdad no compadece,
incluso cuando llora; que no se conmueve ante la injusticia, aun-
que hace gestos y dice palabritas; que hace oídos sordos ante
la necesidad de cada día. Corazón congelado. Capaces de pagar
a sicarios disfrazados para que hagan en su nombre el mal que
por cobardía no se atreven a hacer directamente.
prano que tarde. Viene a ser gente que de verdad no compadece,
incluso cuando llora; que no se conmueve ante la injusticia, aun-
que hace gestos y dice palabritas; que hace oídos sordos ante
la necesidad de cada día. Corazón congelado. Capaces de pagar
a sicarios disfrazados para que hagan en su nombre el mal que
por cobardía no se atreven a hacer directamente.
Corazón congelado.
Y manos paralíticas. Inertes para
la acción que en teoría se
aceptaba. Manos
aceptaba. Manos
que
convierten la palabra viva en voz muerta y sin sig-
nificado;
nificado;
que vuelven
ambigua la verdad clara porque sus acciones
también lo son;
que dicen «sí» y «ahora», pero ni van ni actúan;
que se vuelven incapaces para el saludo.
que dicen «sí» y «ahora», pero ni van ni actúan;
que se vuelven incapaces para el saludo.
Y para la comunicación.
Incluso para pedir.
Y, sobre todo, para dar.
Y para darse.
Bienaventuranzas
y lamentos para tiempos difíciles. Alonso Alonso, Antonio. Edics.
Sígueme, Salamanca 1986, pp. 135-144
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

