la capilla conservaba casi íntegra la decoración de la Vigilia Pascual.Terminada la eucaristía y mientras íbamos hacia la puerta de salida escuchamos por la megafonía la llamada de un catequista para que los chavales volvieran a sus asientos: iba a comenzar el acto de entrega de las camisetas del encuentro. Ya había oído que este acto se ha convertido en habitual en encuentros y campamentos, pero nunca lo había vivido en directo. Así que afiné el oído para enterarme bien.
Es todo un ritual perfectamente definido y rubricado. Los catequistas llaman al orden para crear el ambiente adecuado al momento que van a vivir a continuación. Llaman por su nombre a cada chaval, lo revisten con la camiseta -que lleva serigrafiado el lema del encuentro- y le dan un abrazo. También los catequistas reciben el símbolo en cuestión y, por supuesto, el abrazo posterior.
Seguro que los chavales, cuando regresen a su lugar de origen y utilicen esa camiseta, rememorarán las experiencias vividas en este encuentro y brotarán en sus corazones sentimientos de amistad y cariño recordando a los compañeros con los que compartieron reflexiones, emociones y momentos intensos de comunicación. La camiseta establecerá entre ellos un vínculo de comunión inquebrantable y duradero aún en la distancia.
Inmediatamente recordé a Leonardo Boff y sus Sacramentos de la Vida y comenté con un hermano: esto es el Sacramento de la Camiseta. Y una pregunta: ¿alguna vez será la Eucaristía un sacramento de la vida para los chavales?
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